What the Doctor Said

By: Raymond Carver

He said it doesn’t look good
he said it looks bad in fact real bad
he said I counted thirty-two of them on one lung before
I quit counting them
I said I’m glad I wouldn’t want to know
about any more being there than that
he said are you a religious man do you kneel down
in forest groves and let yourself ask for help
when you come to a waterfall
mist blowing against your face and arms
do you stop and ask for understanding at those moments
I said not yet but I intend to start today
he said I’m real sorry he said
I wish I had some other kind of news to give you
I said Amen and he said something else
I didn’t catch and not knowing what else to do
and not wanting him to have to repeat it
and me to have to fully digest it
I just looked at him
for a minute and he looked back it was then
I jumped up and shook hands with this man who’d just given me
something no one else on earth had ever given me
I may even have thanked him habit being so strong


From A New Path to the Waterfall by Raymond Carver, 1989.

“I am stricken to the core by an early poem, “Morning, Thinking of Empire”, where a mundane act becomes the chilling image for a marriage’s inevitable interior dissolution: “I coolly crack the egg of a fine Leghorn chicken.” The moment seems unsurvivable, the collapse of a shared universe rendered unflinchingly. In the context of the entire poem we experience it action by action, as a series of spiritually irretrievable moments which cut the partners off from each other and obliterate all hope for the regeneration of the marriage:

We press our lips to the enameled rim of the cups
and know this grease that floats
over the coffee will one day stop our hearts.
.....................................................
I coolly crack the egg of a fine Leghorn chicken.
Your eyes film. You turn from me and look across 
the rooftops at the sea. Even the flies are still.
I crack the other egg.
Surely we have diminished one another.

The word “surely” here is a cliff and an avalanche, accompanied by the steel-eyed gaze and barely containable assessment of the speaker.”

Fragment taken from the Introduction written by Tess Gallagher, about the collected poems of Raymond Carver’s All of us. 1996. Vintage books.

Comentario: El viaje de Álvaro Rousselot (El gaucho insufrible), Roberto Bolaño.

FelipeCarrillo-Alvear

Libro: Cuentos completos

Editorial Alfaguara

647 páginas

Primera impresión en Colombia: 2018

En alguna clase del pregrado en Filología el profesor, que ya tenía experiencia y reconocimiento académico internacional, nos dijo, como si nos estuviera confesando algo, que muchas personas en Latinoamérica todavía soñaban la literatura con idealismo y romanticismo, y después se estrellaban con esa visión europea que hace muchos años pensaba la literatura principalmente como un negocio. Creo que en parte de eso se trata este cuento de Bolaño. En el texto, Álvaro Rousselot es un escritor argentino de mediados del siglo XX, que después de algunas explicaciones y un relativo éxito decide ir a París a encontrarse con un director de cine que parece haber comenzado su filmografía plagiando las novelas de Rousselot, pero que después ha dejado de hacerlo y eso ha impulsado a Rousselot a ir París más que para enfrentarlo, para hablar con él…

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Comentario: El policía de las ratas (El gaucho insufrible), Roberto Bolaño.

FelipeCarrillo-Alvear

Libro: Cuentos completos

Editorial Alfaguara

647 páginas

Primera impresión en Colombia: 2018

Uno de los últimos textos escritos por Franz Kafka, publicado en 1924, se llamó Josefina la cantora o el pueblo de los ratones. Hace referencia a la incomprensión del canto de una ratona en un pueblo de ratones que no están acostumbrados a reconocer el arte y sin embargo sienten algo que no entienden cuando Josefina canta. Uno de los últimos textos escritos por Roberto Bolaño, fechado en 2002, se llamó El policía de las ratas. Hace referencia a la incomprensión de la investigación de una rata policía que descubre algo que su pueblo no reconoce: hay ratas capaces de matar otras ratas. Los dos cuentos señalan una realidad social que se quiere negar. El texto de Bolaño es un diálogo con el de Kafka, sostiene el tono y la estructura de fábula del primero pero…

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Comentario acerca de El gaucho insufrible, cuento de El gaucho insufrible, de Roberto Bolaño.

FelipeCarrillo-Alvear

Libro: Cuentos completos

Editorial Alfaguara

647 páginas

Primera impresión en Colombia: 2018

Existe una literatura de gauchos de la que leí al menos dos textos y después olvidé sin querer. Leí El Sur (1962) de Jorge Luis Borges, y El gaucho Martín Fierro (1872) de José Hernández. Los gauchos son los vaqueros argentinos, pero representan otra cosa. En ellos estuvo alguna vez el símbolo, para los intelectuales, de los verdaderos valores de la patria. Pero la palabra verdadero casi siempre es falsa. Y la sola palabra patria ya es algo anacrónico. Martín Fierro, por ejemplo, es un personaje de gaucho trabajador, al que la injusticia social y el contexto histórico lo terminan transformando en un hombre que actúa por fuera de la legalidad, pero quizá una moral más justa. Pero Martín Fierro ya no existe sino en la ficción.

El personaje principal de El gaucho insufrible, Manuel Pereda, no…

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Yo no dudo, Lisarda, que te quiero,
aunque sé que me tienes agraviado;
mas estoy tan amante y tan airado,
que afectos que distingo no prefiero.

De ver que odio y amor te tengo, infiero
que ninguno estar puede en sumo grado,
pues no le puede el odio haber ganado
sin haberle perdido amor primero.

Y si piensas que el alma que te quiso
ha de estar siempre a tu afición ligada,
de tu satisfacción vana te aviso:

pues si el amor al odio ha dado entrada,
el que bajó de sumo a ser remiso
de lo remiso pasará a ser nada.

Mas ¿cuándo, ¡ay gloria mía!,
mereceré gozar tu luz serena?
¿Cuándo llegará el día
que pongas dulce fin a tanta pena?
¿Cuándo veré tus ojos, dulce encanto,

y de los míos secarás el llanto?

 

Un celoso refiere el común pesar que todos padecen, y advierte a la causa el fin que puede tener la lucha de afectos encontrados por Sor Juana Inés de la Cruz en Divino amor, amor profano selección de Luis Fernando Macías, 2019.

XXXVI

Por: José Manuel Arango

a veces
veo en mis manos las manos
de mi padre y mi voz
es la suya

un oscuro terror
me toca

quizá en la noche
sueño sus sueños

y la fría furia
y el recuerdo de lugares no vistos

son él, repitiéndose
soy él, que vuelve

cara detenida de mi padre
bajo la piel, sobre los huesos de mi cara

Cantiga de enamorados

Por: José Manuel Arango

O como dos que hablan después del amor
todavía desnudos
tendidos de espaldas
fumando

y hablan de silencio en silencio
y la voz es sosegada después del amor
y ya sin premura

y entonces ella se incorpora
y pone el codo en la almohada
y pone la mejilla en la palma

y él ve su risa rápida y tranquila
su risa
y el temblor de sus pechos

Lo eterno

Por: Rómulo Bustos Aguirre

 

Lo eterno está siempre ocurriendo

ante tus ojos

Vivo y opaco como una piedra

Y tú debes pulir esa piedra
hasta hacerla un espejo en que poderte mirar

mirándola

Pero entonces el espejo ya será agua y escapará

entre tus dedos

Lo eterno está siempre en fuga ante tus ojos

3

Medio año más tarde, a Hübl lo detuvieron y lo condenaron a muchos años de cárcel. En la misma época moría mi papá.
En los últimos diez años de su vida fue perdiendo poco a poco el habla. Al principio eran sólo algunas palabras las que no podía recordar o en lugar de ellas decía otras parecidas y enseguida él mismo se reía. Pero al final ya sólo era capaz de decir unas pocas palabras y todos sus intentos de decir algo más terminaban con una frase que fue de las últimas que le quedaron: qué curioso.
Decía qué curioso y en sus ojos había una extrañeza infinita por saber todo y no saber decir nada. Las cosas habían perdido su nombre y se habían fundido en un solo ente indiferenciable. Y sólo yo, cuando hablaba con él, podía convertir por un rato ese infinito anónimo en un mundo de particularidades con nombre.
Los inmensos ojos azules de su hermoso rostro de anciano eran igual de sabios que antes. Con frecuencia lo llevaba de paseo. Dábamos la vuelta a la manzana, eso era todo, papá ya no podía más. Andaba mal, daba pasos pequeños y en cuanto se cansaba un poco, el cuerpo comenzaba a caérsele hacia delante y perdía el equilibrio. Con frecuencia teníamos que detenernos para que descansase con la frente apoyada a la pared.
Durante aquellos paseos hablábamos de música. Mientras papá había podido hablar bien, yo le había preguntado poco. Y ahora quería compensarlo. Hablábamos entonces de música, pero era una conversación extraña entre uno que no sabía nada y sabía muchas palabras y otro que sabía todo pero no sabía ninguna palabra.
Durante los diez años de su enfermedad, papá escribió un largo libro sobre las sonatas de Beethoven. Escribía algo mejor de lo que hablaba, pero aún así, al escribir le resultaba cada vez más difícil acordarse de las palabras y nadie entendía su texto, porque estaba escrito con palabras que no existen.
Una vez me llamó a su habitación. Tenía sobre el piano abiertas las variaciones a la sonata op. 111. «Fíjate», me dijo y me señaló las notas (también había dejado de saber tocar el piano), «fíjate», repitió y aún consiguió decirme, después de un prolongado esfuerzo: «¡ya lo sé!» y siguió intentado explicarme algo importante pero su mensaje se componía de palabras completamente incomprensibles, de modo que cuando comprobó que no le entendía me miró asombrado y me dijo: «qué curioso».
Claro que yo sé de qué quería hablar, porque era una cuestión que él se venía planteando desde hacía mucho tiempo. Beethoven, al final de su vida se aficionó extraordinariamente a la forma de las variaciones. A primera vista parecería que ésta es de todas las formas la más superficial, una simple exhibición de técnica musical, un trabajo más adecuado para una encajera que para Beethoven. Y él hizo de ésta (por primera vez en la historia de la música) una de las formas más importantes y guardó en forma de variaciones sus más hermosas meditaciones.
Sí, eso es sabido. Pero papá quería saber cómo entender aquello. ¿Por qué precisamente las variaciones? ¿Cuál es su sentido oculto?
Y por eso me llamó aquella vez a su habitación, me señaló las notas y me dijo: «¡ya lo sé!».

 

Capítulo 3 de la sexta parte de El libro de la risa y el olvido por Milan Kundera, 1978.