La oveja por Cecilia Ferreiroa

“A veces la preocupación es solamente algo que nos acompaña, como una música.”

Revista Carapachay

Lo primero que hice al llegar fue tirarme al río y ponerme a nadar. El aire estaba quieto. Hacía un calor aplastante que ejercía presión sobre las cabezas, incluso en el agua sentía calor.

La corriente estaba detenida, el río parecía un estanque. En un momento empezó a correr en la misma dirección en la que nadaba. Al principio lo hizo levemente, como si se inclinara un poco y me ayudara con reserva, con cierta reticencia. Avancé llevada por ella y cada vez se fue haciendo más fácil. Veía pasar las casuarinas y los sauces de la costa como si alguien los tirara de atrás y se los llevara. Cuando giré para volver, la corriente me empujó con fuerza. Había recrudecido y me arrastraba. Casi no podía avanzar. Nadaba con todas mis fuerzas pero me costaba dejar atrás la misma casuarina, que permanecía erguida y expectante ante mi tendencia a…

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