“Qué agradable resulta no oír nada. Qué agradable resulta dejar de apoyarse en el codo, en estos pobres huesos cansados, y estirarse en la cama y reposar y mirar el cielo gris y dejar que la cama navegue gobernada por los santos y entrecerrar los párpados y no tener memoria y sólo escuchar el latido de la sangre. Pero entonces mis labios se articulan y sigo hablando.”

 

Fragmento de Nocturno de Chile por Roberto Bolaño, 2000.

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