Alto del peregrino

Por: Piedad Bonnett Vélez

 

¿Qué tierra es ésta
en que los ciegos, en negra caravana,
erráticos, tanteando, a tropezones,
caminan entre escombros, sobre lápidas?

Es mi tierra, señor, y aquí hay días tan claros
como la frente de un niño que sueña.

¿Qué islas son éstas, pues, en que de noche
navegan por los aires los fantasmas
y se oye el lloriqueo de las viudas,
y las campanas
tocan a duelo en todas las iglesias?

Aquí nací, señor, y aquí me ha amado
con su cuerpo de sol una muchacha.

¿Qué patria es ésta
en que bajan los ríos cargados de ahogados
como barcos que ondean la enseña de la peste?
¿Por qué en sus hospitales, en sus patios,
en la leve veleta, en los altares,
hay cuervos, y milanos, y cernícalos?

Tengo una casa aquí y en cada cosa
hay palabras y sueños enredados.

¿Qué tierra es ésta que al pisar callamos?
¿Qué dioses vengativos hacen llover sobre sus gentes fuego?

Hace ya tiempo partieron los dioses.
Quizá, señor, no han existido nunca.

¿Qué sitio es pues
que no te atreves a decir su nombre?

Es mi sitio, señor, y ésta es mi suerte.

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