Visión en Linares

Por: Armando Romero

 

Pasadas las doce, cuando acababa de caer el sol, y ya se había declarado en sitio la noche, el dueño de casa, siempre cordial y correcto, nos invitó a salir a la gran esplanada que se abría a un lado de la casa. Gentilmente nos dijo que nos acostáramos sobre la hierba, bocarriba, con los ojos cerrados. Y así lo hicimos, alegres tal vez por lo amable del vino. Esperamos casi un minuto hasta que su voz nos dijo de abrirlos. Allí fue cuando sentí que el cielo nos aplasta contra la tierra.

 

Del libro A rienda suelta (1986 – 1990) por Armando Romero.

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