(…)

—Salteadores de autos en caminos como caminos
hurtándose lo profundo de la noche.
Muchachas de bluejeans como bluejeans puestos a
escurrir en las alambradas.
Nadaístas desenfrenados acuchillados en las esquinas
como esquinas de una moral sin salida.
(…)
Besos prolongados sobre los parabrisas como parabrisas
que han detenido el encanto de la noche.
Médicos corrigiendo heridas como heridas que
aparecieron luego de que todo se hubo consumado.
Lágrimas confundiéndose con el plasma como dolor que se
ha plasmado sobre los rostros de las vírgenes.
Abortos en los teatros como bellas prácticas de teatro
futurista—.

¿Y qué voy a hacer yo contra todo este mundo que se me está cayendo encima?

Nada

Sólo sé que estoy feliz
Que tengo unos pocos pelos en el pecho que bastan para aplacar todas las balas

Y que te estoy amando
A pesar de todo
Y que te amaré
No importan las citas no concurridas
Ni los gritos al teléfono.”

Fragmento final del poema Extraños seres, relucientes ciudades por Armando Romero, Caracas, 1976.

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